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Crisis hídrica en Coquimbo: expertos hablan ya de desertificación y no de sequía

    

DavidNoticias.cl

El panorama climático e hídrico de la Región de Coquimbo se agrava, con indicadores que reflejan un proceso sostenido de deterioro ambiental. La baja acumulación de agua, las escasas precipitaciones y una alarmante pérdida de cobertura nival están generando impactos estructurales en el ecosistema regional.

La Región de Coquimbo vive un escenario hídrico alarmante que va mucho más allá de una simple sequía. Así lo han expresado expertos y organismos técnicos, que recomiendan hablar derechamente de desertificación, un proceso más profundo, persistente y estructural que amenaza de forma permanente la disponibilidad de recursos hídricos, la actividad productiva y la biodiversidad.

Caudales y embalses: cifras que preocupan

Durante el inicio del nuevo año hidrológico (abril 2025 – marzo 2026), los principales ríos de la región han mantenido caudales muy por debajo de sus promedios históricos. El río Elqui alcanza apenas un 47% de su valor habitual, el Limarí un 45% y solo el Choapa se acerca a niveles normales con un 66%. Esta situación refleja una continuidad de al menos cuatro años con flujos debilitados.

La situación de los embalses es aún más crítica. En promedio, la región tiene solo un 17% de su capacidad total embalsada. Por provincias, Limarí es la más golpeada, con apenas un 10%, seguida por Elqui con un 21%. La excepción es Choapa, con un 78%, gracias a mejores acumulaciones durante los últimos meses.

Precipitaciones insuficientes y erráticas

Junio trajo algo de alivio con el paso de dos sistemas frontales entre el 11 y el 17 del mes, pero los montos fueron desiguales y generalmente bajos. Quilimarí registró el mayor acumulado con 107,6 mm, mientras que localidades como Punta de Choros apenas superaron los 0,8 mm.

Para lo que resta de la temporada lluviosa (hasta septiembre), se proyectan pocas precipitaciones, y si bien podrían ser intensas, no serían suficientes para revertir el déficit acumulado. Según la Dirección Meteorológica de Chile, se espera que ciudades como La Serena acumulen menos de 36 mm, y Ovalle menos de 44 mm en todo el trimestre.

Vegetación en retroceso: un síntoma de degradación ambiental

Otro indicador del deterioro ecológico es el índice de vegetación EVI, que en junio arrojó valores negativos en prácticamente toda la franja costera de la región. Esta situación indica una pérdida significativa de cobertura vegetal, con efectos directos sobre la erosión de los suelos y la seguridad alimentaria del ganado.

En contraste, la zona precordillerana y cordillerana mostró valores positivos, especialmente al este de los embalses Puclaro, La Paloma e Illapel, lo que sugiere una resiliencia relativa en esas áreas.

Nieve escasa y cobertura nival en mínimos históricos

La cobertura de nieve es otro factor crítico: al cierre de junio, se registraron apenas 3.240 km² de superficie nevada, concentrada en la cordillera de Choapa. Esta cifra representa un déficit del 56% respecto a la mediana histórica, con Elqui y Limarí siendo nuevamente las zonas más afectadas.

La escasa acumulación de nieve compromete seriamente la recarga de acuíferos y ríos durante los meses de deshielo, lo que augura un segundo semestre aún más desafiante.

Incertidumbre climática: El Niño ausente, la MJO en juego

El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se encuentra en fase Neutra, lo que aumenta la incertidumbre respecto al comportamiento de las lluvias. Por otro lado, la Oscilación de Madden–Julian (MJO), que influye en las precipitaciones en escalas más cortas, se proyecta muy activa en fases asociadas a condiciones secas para la zona central de Chile, lo que refuerza la probabilidad de un invierno con escasos aportes hídricos.

Un futuro que exige medidas urgentes

La situación actual ya no puede abordarse como una emergencia puntual. La persistencia de bajos caudales, la disminución constante del agua embalsada, la reducción de vegetación y la escasa cobertura nival confirman un proceso de transformación climática en curso.

Hablar de desertificación y no de sequía es un llamado de atención. La Región de Coquimbo enfrenta un desafío estructural que exige políticas públicas de largo plazo, inversión en adaptación hídrica, restauración ambiental y una planificación territorial que considere seriamente los límites ecológicos.

El agua, cada vez más escasa, no puede seguir siendo tratada como un recurso infinito.

    

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