{"id":15254,"date":"2026-08-29T16:53:36","date_gmt":"2026-08-29T16:53:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elregional.cl\/?p=15254"},"modified":"2026-08-29T16:53:36","modified_gmt":"2026-08-29T16:53:36","slug":"reconocer-nuestros-errores-un-camino-de-aprendizaje-guillermo-cortes-lutz-profesor-doctor-en-historia-gea-atacama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elregional.cl\/?p=15254","title":{"rendered":"Reconocer nuestros errores: un camino de aprendizaje (Guillermo Cort\u00e9s Lutz, Profesor, Doctor en Historia, GEA Atacama)"},"content":{"rendered":"<p>Vivimos en un mundo profundamente individualista, en el que Chile y Atacama, por cierto, est\u00e1n plenamente insertos. Un mundo donde el \u00e9xito, muchas veces, parece medirse por la capacidad de imponerse sobre los dem\u00e1s y donde el ganar, casi a cualquier precio, se ha convertido en un valor en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>No resulta extra\u00f1o, entonces, que asistamos diariamente a diversas manifestaciones de violencia, arrogancia, avaricia, mentira, envidia, prepotencia y descaro. Este \u00faltimo alcanza, en ocasiones, dimensiones que parecen dif\u00edciles de creer: hemos llegado incluso a escuchar aquello de\u00a0<em>\u201cYo de esto no s\u00e9 nada, pero de gesti\u00f3n s\u00e9 mucho\u201d<\/em>, pronunciado con una tranquilidad que pareciera excluir toda posibilidad de autocr\u00edtica. Y as\u00ed, sin una pizca de verg\u00fcenza, algunos contin\u00faan desfachatadamente su camino, como si reconocer la propia ignorancia o admitir un error fuese una se\u00f1al de debilidad y no, precisamente, una oportunidad para aprender.<\/p>\n<p>A todo ello se suma, quiz\u00e1s, una de las expresiones m\u00e1s preocupantes de nuestro tiempo:\u00a0<strong>la ignorancia<\/strong>. No hablamos solamente de aquella que nace de no leer, de no estudiar o de desconocer determinados hechos, sino tambi\u00e9n de una ignorancia m\u00e1s profunda y peligrosa: la de no informarnos, la de no querer comprender, la de negarnos a escuchar otras perspectivas y, finalmente, la de creer que nuestra propia mirada basta para explicar el mundo. Porque cuando dejamos de cuestionarnos, dejamos tambi\u00e9n de aprender; y cuando creemos saberlo todo, incluso aquello que desconocemos, cerramos la puerta al conocimiento y al crecimiento personal.<\/p>\n<div class=\"code-block code-block-5\">\n<div id=\"sas_99435\"><\/div>\n<\/div>\n<p>Vivimos, muchas veces, como si los dem\u00e1s fueran obst\u00e1culos que debemos sortear para alcanzar nuestros propios objetivos; como si el \u00e9xito individual justificara cualquier medio y el inter\u00e9s personal estuviera siempre por encima del bien com\u00fan. Es una l\u00f3gica que encontramos, con particular fuerza, en algunos de los liderazgos pol\u00edticos que hoy ocupan las portadas de los noticiarios, desde Donald Trump,\u00a0 Javier Milei o Bukele,\u00a0 hasta otros que parecen reivindicar una suerte de individualismo sin l\u00edmites, donde la empat\u00eda, la solidaridad y la responsabilidad colectiva pasan a ocupar un lugar secundario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nos cuesta mirar al que tenemos al lado, reconocer sus necesidades y comprender que formamos parte de una comunidad. Y, sin embargo, una sociedad verdaderamente desarrollada no se mide \u00fanicamente por su crecimiento econ\u00f3mico ni por la capacidad de algunos de sus individuos para alcanzar el \u00e9xito, sino tambi\u00e9n por su capacidad de cuidar, integrar y proteger a quienes la conforman. Hay momentos en que debemos ser capaces de dejar de lado una parte de nuestras expectativas individuales para construir algo que nos trascienda: una sociedad m\u00e1s justa, m\u00e1s humana y, en definitiva, m\u00e1s digna.<\/p>\n<p>Todo ello resulta, en definitiva, contrario a una vida arm\u00f3nica y a un verdadero desarrollo humano. Los antiguos griegos comprendieron que la felicidad no pod\u00eda reducirse a la acumulaci\u00f3n de bienes, al poder o al \u00e9xito individual. Hablaron de\u00a0<strong>ataraxia<\/strong>, esa b\u00fasqueda de serenidad y equilibrio interior que permitiera al ser humano vivir con mayor libertad frente a las pasiones, los excesos y las perturbaciones que lo rodeaban. Quiz\u00e1s hoy, en medio de una sociedad marcada por la prisa, la competencia y el individualismo, necesitemos recuperar algo de aquella antigua sabidur\u00eda: aprender a vivir no solamente para nosotros mismos, sino tambi\u00e9n con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero frente a esta realidad existe una herramienta fundamental:\u00a0<strong>la educaci\u00f3n en humanidad<\/strong>. Educarse no significa solamente acumular conocimientos. Significa tambi\u00e9n aprender humildad, desarrollar empat\u00eda y comprender que nuestra propia mirada no siempre es la correcta. Y aqu\u00ed aparece uno de los aprendizajes m\u00e1s dif\u00edciles y, al mismo tiempo, m\u00e1s importantes de la vida:\u00a0<strong>reconocer que no siempre tenemos la raz\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Reconocer que nos equivocamos exige una enorme dosis de grandeza y valent\u00eda. Significa aceptar que podemos haber actuado mal, que podemos haber juzgado equivocadamente, que nuestras palabras pudieron causar da\u00f1o, \u00a0que nuestras decisiones no fueron las mejores, o que simplemente hab\u00eda algo que no sab\u00edamos.<\/p>\n<p>A menudo, nuestra propia porf\u00eda nos impide crecer. Nos aferramos a nuestras posiciones incluso cuando los hechos demuestran que estamos equivocados. Preferimos defender nuestro orgullo antes que reconocer una equivocaci\u00f3n. Y, parad\u00f3jicamente, aquello que creemos que nos hace fuertes termina convirti\u00e9ndose en una de nuestras mayores debilidades.<\/p>\n<p>Cabe entonces preguntarse:\u00a0<strong>\u00bfpor qu\u00e9 nos cuesta tanto reconocer nuestros errores?<\/strong><\/p>\n<p>La respuesta probablemente sea distinta para cada persona. Requiere introspecci\u00f3n, honestidad y, sobre todo, la capacidad de mirarnos a nosotros mismos con la misma severidad con que juzgamos a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n debemos reconocer que vivimos en una cultura que muchas veces ha convertido la confrontaci\u00f3n en una virtud. Se nos ha ense\u00f1ado que debemos ser \u00abfrontales\u00bb, que hay que \u00abdecir las cosas como son\u00bb, que no debemos tener \u00abpelos en la lengua\u00bb. Sin embargo, ser directo no necesariamente significa ser agresivo; decir lo que pensamos no nos exime de respetar al otro; y tener car\u00e1cter no significa carecer de humildad,\u00a0 tener car\u00e1cter, es tener buen car\u00e1cter.<\/p>\n<p>La verdadera fortaleza no consiste en imponerse siempre.<\/p>\n<p><strong>La verdadera fortaleza tambi\u00e9n consiste en saber detenerse, escuchar y decir: me equivoqu\u00e9.<\/strong><\/p>\n<p>Cuando nos negamos a reconocer nuestros errores, nos privamos de una de las mayores posibilidades de aprendizaje que nos ofrece la vida:\u00a0<strong>aprender de nuestras propias equivocaciones<\/strong>.<\/p>\n<p>No tener la raz\u00f3n puede ser extraordinariamente valioso.<\/p>\n<p>Porque cuando descubrimos que est\u00e1bamos equivocados, se abre ante nosotros una posibilidad nueva: \u00a0conocer, comprender, aprender y crecer.<\/p>\n<p>Nuestra propia historia \u2014personal y colectiva\u2014 est\u00e1 llena de aciertos y errores. Si somos capaces de mirarla con honestidad, podemos convertir nuestras equivocaciones en conocimiento y nuestras experiencias en sabidur\u00eda. Por eso, reconocer un error no deber\u00eda ser entendido como una derrota.\u00a0\u00a0<strong>Es un acto de inteligencia y es \u00a0tambi\u00e9n un acto\u00a0 de humanidad y, muchas veces, de valent\u00eda.<\/strong>\u00a0Quiz\u00e1s all\u00ed encontremos uno de los caminos para construir relaciones m\u00e1s cordiales, sociedades m\u00e1s humanas y personas capaces de aprender durante toda su vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos en un mundo profundamente individualista, en el que Chile y Atacama, por cierto, est\u00e1n plenamente insertos. Un mundo donde el \u00e9xito, muchas veces, parece medirse por la capacidad de imponerse sobre los dem\u00e1s y donde el ganar, casi a cualquier precio, se ha convertido en un valor en s\u00ed mismo. 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