De símbolo a especie en retroceso: el papayo se reduce casi a la mitad en Coquimbo y lucha por no desaparecer

La Región de Coquimbo enfrenta una de las contracciones más relevantes del cultivo de papayo en los últimos años. De acuerdo con antecedentes del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), la superficie ha disminuido desde 183 hectáreas en 2011 a cerca de 103 en la actualidad, lo que representa una caída cercana al 45%.
Este retroceso evidencia un escenario estructural complejo, marcado por la escasez hídrica, el cambio en el uso de suelo y la falta de renovación productiva, factores que han ido debilitando la sostenibilidad del rubro.
La Serena lidera, pero pierde terreno agrícola
A pesar de la disminución general, La Serena continúa concentrando entre el 56% y el 60% de la superficie regional de papayo, consolidándose como el principal polo productivo.
Sin embargo, el crecimiento urbano ha comenzado a tensionar esta posición. La expansión inmobiliaria en sectores periurbanos ha reducido la disponibilidad de suelos agrícolas, desplazando progresivamente la producción hacia otras zonas. En este contexto, sectores como Huentelauquén, en la comuna de Canela, han ganado relevancia, aunque aún sin compensar la pérdida regional.
Sequía, envejecimiento y falta de recambio
Uno de los factores más críticos es la crisis hídrica que afecta a la zona norte del país. La menor disponibilidad de agua ha obligado a reducir superficies cultivadas y, en algunos casos, a abandonar el cultivo.
A esto se suma el envejecimiento de los huertos. Según el INIA, gran parte de las plantaciones presentan baja productividad y escasa incorporación de nuevas variedades o tecnologías, lo que limita la competitividad frente a otros cultivos más rentables.
Un cultivo de bajo peso nacional, pero alto valor regional
La Región de Coquimbo concentra más del 80% de la producción nacional de papaya, lo que convierte a este cultivo en altamente localizado. A nivel país, su aporte al PIB agrícola es marginal y no figura entre los principales productos de exportación.
No obstante, su relevancia cambia a escala regional. El papayo, pese a su baja superficie —estimada en torno a 225 hectáreas considerando distintas fuentes sectoriales—, tiene un impacto significativo en la economía local.
Agroindustria, turismo e identidad territorial
El mayor valor económico del papayo no se encuentra en la venta de fruta fresca, sino en su procesamiento. La producción de papaya confitada, conservas, dulces y mermeladas constituye el principal motor económico del rubro.
Además, el cultivo genera encadenamientos productivos en el comercio local, ferias, gastronomía y turismo. En ciudades como La Serena, la papaya se posiciona como un producto identitario, ampliamente demandado por visitantes como souvenir alimentario.
Este componente turístico fortalece la economía de servicios y amplifica su impacto más allá del sector agrícola.
Impacto social y desafíos estructurales
El papayo sostiene principalmente a pequeños y medianos productores, con una baja concentración económica, pero un alto impacto social en términos de empleo y generación de ingresos locales.
Sin embargo, enfrenta importantes limitantes: la crisis hídrica, la presión inmobiliaria y la reducción sostenida de la superficie cultivada han disminuido su rentabilidad y proyección.
Estrategias para su valorización
Frente a este escenario, iniciativas impulsadas por el INIA junto al Gobierno Regional, a través del Fondo de Innovación para la Competitividad, buscan reposicionar el papayo como un producto estratégico.
Entre las principales apuestas destaca el desarrollo de un sello de origen, orientado a diferenciar el producto, aumentar su valor en el mercado y avanzar hacia un modelo basado en identidad territorial y valor agregado.
Un cultivo en transición
El papayo en la Región de Coquimbo refleja hoy una paradoja: bajo impacto económico a nivel nacional, pero alta relevancia cultural, social y turística a escala local. Su futuro dependerá de la capacidad de adaptación del sector, especialmente en eficiencia hídrica, innovación productiva y valorización comercial.
Fuente: Madero.cl


