Mujeres de la pesca artesanal alertan grave impacto económico y posible contaminación del mar tras el temporal en el Norte Chico

El histórico sistema frontal que azotó a las regiones de Atacama y Coquimbo dejó una profunda huella de destrucción que va más allá de los socavones en rutas y los desbordes de ríos. En las caletas costeras del Norte Chico, miles de mujeres que sostienen la cadena productiva antes y después de la extracción marina enfrentan una parálisis total de sus ingresos económicos.
Así lo denunció Alejandra García, vicepresidenta de la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal de Chile y dirigenta de la Asociación Gremial de Actividades Conexas de la Región de Coquimbo, quien en entrevista con Radio Madero advirtió que la emergencia social y productiva para las trabajadoras está lejos de concluir.
“Las mujeres no han podido ser reincorporadas a su trabajo. Algunas perdieron productos congelados, otras perdieron sus recursos en la orilla y todavía se mantienen trabajos de limpieza y recuperación de accesos en algunas caletas. No habiendo captura, no hay ni pre ni poscaptura. Es ahí donde trabajamos mayoritariamente las mujeres”, explicó García.
La corporación agrupa a más de 10 mil mujeres a nivel nacional dedicadas a labores conexas esenciales como el carapacheo, desconche, fileteado, amarre de algas, recolección de mitílidos y carpintería de ribera, oficios desempeñados en su mayoría por jefas de hogar que sostienen el presupuesto diario de sus familias.
Pérdidas masivas en Puerto Aldea y caletas aisladas
Uno de los puntos más críticos reportados por la dirigencia es la localidad de Puerto Aldea, en la comuna de Coquimbo, que permaneció incomunicada tras el colapso de sus caminos y sufrió extensos cortes del suministro eléctrico.
La falta de energía provocó la pérdida irreversible de toneladas de mariscos y moluscos congelados —como ostiones y machas— destinados a comercialización con valor agregado.
“Aquí hay mujeres que realmente viven del mar. No es solamente una cultura o una forma de vida; es la productividad económica de un hogar que depende directamente del trabajo que se desarrolla en el mar”, enfatizó la dirigenta.
A la parálisis extractiva se sumó la precariedad de la infraestructura básica en sectores rurales del Limarí y Choapa. El uso de radios satelitales fue la única vía para establecer comunicación con los sectores aislados durante los picos de la catástrofe, permitiendo levantar un catastro de daños enviado a los organismos públicos.
Alerta por contaminación de las aguas entre Talquilla y Pichidangui
Una de las principales preocupaciones manifestadas por el gremio radica en el estado ambiental del ecosistema marino tras el vertimiento masivo de sedimentos, escombros y basura arrastrados por los esteros y las crecidas de los ríos.
García advirtió sobre el potencial peligro del arrastre de plaguicidas y productos químicos provenientes de los valles agrícolas adyacentes:
“Tenemos una preocupación por la probable contaminación que exista hoy en el mar. Sabemos que bajó basura, madera y desechos, pero también hay zonas agrícolas que trabajan con químicos y no sabemos qué llegó hasta las costas”, advirtió.




