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El naufragio del Prestige y la marea negra que dejó en el Atlántico: una catástrofe de 77 mil toneladas de petróleo

Un petrolero obsoleto se hundió frente a Galicia el 19 de noviembre de 2002. El accidente provocó consecuencias ambientales y judiciales que aún perduran

El petrolero Prestige en dos: fue fotografiado desde la fragata Baleares de la Armada Española. El buque comenzó a hundirse a 233 kilómetros de las islas Cíes, transportando cerca de 70.000 toneladas de combustible (EFE/ORP Armada/Archivo)

Todo se tiñó de negro. La mañana del 19 de noviembre de 2002, el Prestige se partió en dos frente a Galiciay el Atlántico empezó a escupir unas 63.000 toneladas de de fuel, un combustible pesado, denso y tóxico, similar al alquitrán, de las 77 mil que llevaba. En cuestión de horas, la marea negra contaminó más de mil playas, arrasó casi 3.000 kilómetros de costa y mató a centenares de miles de aves marinas. Aquel vertido desencadenó una de las catástrofes medioambientales más grandes de la historia de la navegación, tanto por la magnitud del contaminante como por la extensión del área afectada: un arco que iba desde el norte de Portugal hasta las Landas francesas. El golpe fue especialmente devastador en Galicia, donde el desastre abrió además una crisis política y agitó una profunda controversia pública que marcaría a toda una generación.

Pero la tragedia no empezó allí, sino seis días antes, el 13 de noviembre, cuando una tormenta golpeó al petrolero en mar abierto y abrió una grieta de quince metros en su casco envejecido. No hubo explosión sino el sonido seco de un barco que ya no aguantaba más. Desde ese instante, el Prestige quedó a la deriva y comenzó una cadena de decisiones políticas, técnicas y diplomáticas, que no evitaron lo inevitable. El buque, cargado con 77.000 toneladas de combustible, fue alejado de la costa en un intento de ganar tiempo, pero esa maniobra solo prolongó la agonía y multiplicó el desastre.

Veintitrés años después, la sombra del Prestige sigue en los fondos helados donde reposan sus restos, en un proceso judicial que tardó una década en cerrarse y en la memoria de quienes vieron cómo el mar se convertía en una masa negra y viscosa.

Voluntarios en plena limpiezaVoluntarios en plena limpieza

El barco que no debió seguir navegando

El Prestige nació en 1976 en los astilleros Hitachi Shipbuilding & Engineering de Japón. A los 26 años, inscrito bajo bandera de Bahamas, ya era un veterano del océano, un petrolero Aframax de 244 metros de eslora y 35 de manga, capaz de transportar alrededor de 82.000 toneladas de carga. Su diseño de monocasco, considerado seguro en su tiempo, para comienzos del siglo XXI era obsoleto: Europa impulsaba la transición al doble casco, mientras que Estados Unidos y varios países europeos habían comenzado a restringir la entrada de buques con tecnología más antigua.

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